La huella de Tránsito
Cuando hice las primeras entrevistas Tránsito tenía
setenta y cinco años. Me admiraba su fortaleza física y su
lucidez la que mantiene hasta ahora con casi cien años a
cuestas. Después de mi peregrinación en busca de su pala-
bra, muchas otras personas le han visitado, han escrito sobre
ella. Los grupos de izquierda con frecuencia le invitan a
Quito a sus eventos importantes. Ha recibido homenajes y
condecoraciones, distinciones entre las cuales destaca el
Premio Nacional "Eugenio Espejo" que concede el
Ministerio de Educación y Cultura, a personajes relevantes
de la vida cultural del país.
En la vida de Mama Tránsito confluyen vivencias doloro-
sas, actos épicos, horas de soledad y riesgo pero también
horas amables, momentos de triunfo que sabe llevarlos con
parca serenidad. Fue perseguida por los patrones que tenían
miedo que la india les quitara las tierras; amenazada por los
párrocos de Olmedo, dos veces llevada a la cárcel.
Culpabilizada de cualquier malestar en la hacienda, privada
por la muerte de sus seres más queridos -esa tragedia le acu-
chilló el alma- ¡Ah, púchicas, yo acordando solita cómo me he
puesto a llorar! dice mientras un hondo suspiro se confunde
con el aire del páramo.
Hoy continúa siendo admirada y temida.
Su franqueza cuando reclama la reciprocidad que es
característica fundamental en la cultura kichwa, disgusta a
muchas personas. Habituada a decir al pan, pan y a la chicha,
chicha, muchos se resintieron al ser descubiertos por ella en
franca incongruencia. A veces se siente sola, vieja y rechaza-
da porque la fama alcanzada también le ha traído alejamien-
to de las personas de la comunidad en que vive, La Chimba.
A veces la miran como extraña. Si faenan una res lo disfrutan
ellos solos. Le duele que no le conviden una ración. Alguna
vez quiso intervenir en una gestión comunal por la consecu-
ción del agua. Responsablemente asistió a la reunión pero
tuvo que retirarse cuando percibió que no valoraban su pre-
sencia y menos su representatividad. Escuchó que unas jóve-
nes decían. "Vieja politiquera entrometida, quién le ha llama-
do". Las nuevas generaciones no conocen de su lucha y le
censuran por ser objeto de atenciones de la gente que viene a
llevarla como invitada de honor. Incluso fue agredida por
jóvenes alcoholizados que creían ver en ella una "vieja rica".
Sin hacer caso de eso la mujer grande, la dirigenta,
la luchadora, la subversiva mantiene su aire de
autoridad. Su rostro pétreo no se inmuta frente a la
adversidad ni la gloria. Su voz sigue retumbando
en los escenarios y frente a los micrófonos. Cuenta
su historia, reflexiona, anima, alienta y reclama. Es
un ejemplo vital de entereza y de pasión. En su
fuero interno sabe que es innegable que su nombre
ha de vivir y ella se ha de ir a su destino .
Por sobre todo eso alzó su voz y reclamó justicia. Jamás
claudicó en su misión. Aupó la organización y la lucha de sus
hermanos y hermanas oprimidas. Recuerdo la arenga que me
repitió un día, esa hermosa metáfora sobre la unidad y la
mancomunidad:
Somos como la mazorca,
Si se va el grano, se va la fila
Si se va la fila,
Se acaba la mazorca.
Igualmente evoco su proclama cargada de pasión:
Por eso yo le digo compañera:
Así hemos andado
Luchando, naciendo,
Creciendo en nuestra lucha.
Ahora sí yo le diré compañera:
Así vengan ramalazos
Así venga ejército
No hemos de correr.
¡Muertos, muertos iremos!
¡Pero la sangre!
¡Pero la herencia!
¡Han de coger las familias!
¡Los maíces ha de cosechar el pueblo!
O su recurrente amonestación a romper las desigualdades
entre connacionales:
Así unidos, mezcladitos
Como trigo y quinua, mezcladitos.
Blancos, campesinos,
Unidos en una sola masa.
Hace falta un trabajo de mayor detenimiento para extraer
las ricas connotaciones presentes en las palabras de Tránsito,
su sabiduría profunda y las implicaciones políticas que con-
lleva su discurso.
Discurso de Tránsito Amaguaña en el Salón de la Ciudad, DMQ, con motivo de recibir el
Premio Manuela Espejo (8/mz/1997)
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TRÁNSITO AMAGUAÑA
Su testimonio
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Quito, noviembre de 2007